Hoy en día es normal utilizar discos duros externos para llevarnos cosillas de un lado a otro, incluso los utilizamos como otro espacio de almacenamiento más como un poco de “cajón desastre”.

También es normal hoy en día que (si somos usuarios asiduos de estos discos) tengamos que conectarlos en diferentes sistemas operativos, porque algún amigo friki usará Linux o algún que otro imprudente utilizará Windows…

Para solucionar el problema de los “múltiples Sistemas Operativos” los fabricantes hacen que miran hacia otro lado y sacan sus discos preformateados en FAT, un formato un tanto antiguo que funciona en todas las plataformas, pero con un montón de limitaciones.

Si bien las limitaciones de FAT están mas o menos controladas (es muy raro ya el usuario que anda con MS-Dos o similar en donde no es posible utilizar FAT32) aún sigue habiendo una en concreto que nos puede hacer la vida bastante complicada, la limitación de 4 GB de tamaño máximo de archivo. Parece un poco tonto no ¿Quien va a crear un archivo mayor de 4 GB?, pues no es tan raro, una imagen de un DVD rellenito ya ocupa mas, y no digamos si el DVD es de doble capa…

Cada día que pasa veo que la gente se hace mas vaga. Antes descargabas archivos grandes de Internet divididos en múltiples ficheros de 1 o 2 GB, pero según han ido aumentando las velocidades de acceso ya nadie se molesta en eso y te pasan un archivo enorme de 6 o 7 GB que, a la hora de almacenarlo en un medio externo de tipo FAT, tienes que recortar en varios pedazos.

El problema viene cuando quieres almacenar eso que estas descargando directamente el el disco externo. Empieza a bajar 1 Gb, luego 2 GB, 3 GB, 4 GB, y se jodió el invento, fallo de acceso que (perdonando la expresión) te cagas en las bragas, y adiós muy buenas.

Entonces, ¿Como solucionamos el petate? Bueno, la solución pasa por utilizar algún sistema de archivos mas actual y, por lo tanto, nativo de alguna plataforma. Pero con eso nos creamos otro problema, al ser un sistema nativo solo va a funcionar (a priori) en su plataforma. Y claro, ahora pensamos, JODER! Si me formateo un disco en Linux (por ej.) y solo lo voy a poder usar en Linux ¿Como hago para llevarle las pelis porno a mi colega imprudente que tiene Windows?

La respuesta está en que, como dije antes, que no se pueda usar a priori no quiere decir que no se pueda usar. Lo que pasa es que los Operativos son muy suyos, y por defecto no traen soporte para nada mas que para lo que a ellos les interesa, pero esto no quiere decir que no podamos usar los sistemas de unos en los otros. ¿Cuál es entonces la mejor opción?

No existe la “solución definitiva”, hay varias y cada una tiene sus pros y sus contras, de los 3 grandes tipos de sistemas de archivo (ext3 de Linux, HFS+ de MacOS y NTFS de Windows) podríamos usar cualquiera, con su complicación en el sistema operativo vecino. Por ej, si usamos ext3 nos funcionará de maravilla en Linux, en Windows tendremos que utilizar Ext2 IFS y en MacOS la cosa se complica bastante al no haber una implementación sencilla del sistema.

Desde la aparición de FUSE el utilizar como salida el sistema de archivos NTFS nativo de Windows se esta convirtiendo en algo “estandarizado” para compartir archivos entre plataformas. En Windows funciona correctamente (bueno, es Windows…) y en MacOS y Linux funciona con FUSE y NTFS-3G de forma muy sencilla. Pero entonces ¿A que viene el título de HFS+?

HFS+ es el sistema de archivos nativo de MacOS, en esencia es parecido a los otros dos (soporta permisos, nombres de archivo kilométricos, etc…) por lo que es un remedio mas a todo este lío, ¿Por qué elegirlo?

Bueno, en estos momentos HFS+ (sin Journaling) esta soportado de forma nativa en MacOS y Linux, lo cual es una ventaja, ya que no tenemos que instalar nada para utilizarlo en estas plataformas. Además si formateamos un disco externo con HFS+ podremos usarlo con Time Machine y así hacer copias de seguridad fáciles en nuestro MacOS. En Windows tendremos que instalar un programa como HFSExplorer, con licencia GPL, o MacDrive, de pago (aunque buscando un poco podremos encontrarlo en forma “baratita”) pero con la ventaja de hacer que los discos funcionen también de forma nativa en el operativo, como si se tratasen de NTFS.

En conclusión, si usamos asiduamente MacOS, sin duda HFS+ es la mejor elección para nuestros dispositivos externos ya que es muy fácil de usar y de las tres alternativas presentadas es la que menos requiere a la hora de portarla a otros operativos y con la ventaja de que podremos utilizar Time Machine.

Como dato final decir que a la hora de formatear nuestro disco externo desde MacOS usando la “Utilidad de Discos” debemos escoger Mac OS Plus (mayús./minús.) para que nos cree el sistema sin Journaling y así no tener problemas a la hora de utilizarlo desde Linux. En el caso de que se nos active el Journaling (o que ya tengamos formateado el disco y no queramos borrarlo) podemos hacerlo desde la misma utilidad haciendo click en el menú archivo mientras mantenemos pulsada la tecla opción (alt, para los amigos) y seleccionando “Desactivar registro”.

Nota: En ocasiones el disco puede tener Journaling habilitado y resistirse a deshabilitarlo, en ese caso tendremos que hacer la jugada de forma manual con comandos. Para ello basta con utilizar diskutil de la siguiente forma:

  1. Con el disco conectado hacemos un “mount” a secas (en caso de estar montado) o un “diskutil list” para saber cual es el dispositivo (en mi caso aparece como /dev/disk2s3)
  2. Si esta montado (aparece en el escritorio), desmontamos el dispositivo con la orden: diskutil umount /dev/disk2s3
  3. Y le deshabilitamos el journaling con: sudo diskutil disableJournal force /dev/disk2s3

Y con esto quedaría listo.